Ayer entre el feriado y la pereza, la noticia del día fue
sin dudas que Argentina fue elegida unánimemente por los países de América
Latina y el Caribe para tener una banca en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Aunque para muchos pase desapercibido, no sólo es una gran
noticia, sino que es motivo de orgullo. Dentro del máximo organismo a nivel
mundial de relaciones diplomáticas, tener voz y voto no es un dato menor. Y
no solamente porque Latinoamérica nunca tuvo poder allí, porque, como en todo,
siempre mandan los mismos. Sino también porque implica que se van a representar
los intereses de nuestra región, el tema Malvinas va a ser más visible y,
principalmente, se va a pedir con más énfasis la democratización de Naciones
Unidas.
La existencia de la ONU puede significar para el Mundo un
paso adelante a favor de la lucha por los derechos humanos y en contra de las
guerras y las reglas del juego de Estados Unidos, pero siempre y cuando se
hagan bien las cosas, y justamente este no es el caso. Dentro del Consejo de
Seguridad, cuando se votan resoluciones, por ejemplo dialogar por Malvinas, que
no se bloquee más a Cuba, que se vayan las tropas militares estadounidenses de
Medio Oriente, etc., deben ser cumplidas
al pie de la letra. Pero casualmente países como Gran Bretaña y Estados Unidos tienen
el poder de vetar cualquier decisión y en consecuencia dejarla sin efecto.
Entonces, claro, todo es en vano, cualquier medida que perjudique sus intereses
no va a tener vigencia.
América Latina, en estos últimos años donde se encuentra más
unida que nunca, tiene una firme posición al respecto, y es lograr que se
democratice, es decir, que ningún país tenga más derechos que otros y por ende,
que no vete ninguna resolución votada democrática y mayoritariamente por sus
miembros.
Va a ser interesante ver a Argentina ocupando una banca
desde el primero de enero del año que viene, por todo lo que ellos significa
para la región y por el protagonismo que hemos recuperado. No sé si los votos
alcancen para sacarle poder a las potencias, los intereses en juego son muchos,
pero vale la pena intentarlo, y demostrar que las cosas pueden cambiar. Si la
ONU fuese más democrática y sus sanciones más firmes, sin duda alguna podríamos
progresar y solucionar bastantes problemas.
Va a haber que observar qué sucede el año que viene en cada
Asamblea, no va a tener desperdicio. Pero ahora, mientras tanto, me pregunto:
¿Seguimos aislados del Mundo?

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