viernes 2 de marzo de 2012

Destruyéndote


El año pasado, precisamente en julio, tuve la suerte de conocer Grecia. Iba a volar directo a una de las tantas bellas islas que tiene, pero no, antes tengo que pasar por Atenas, me dije. Estuve largo tiempo planeando lo que fue mi viaje por Europa, y no imaginé en un principio que iba a pasar por ahí, quizás ya era demasiado perfecto todo, pero se dio y allí estuve finalmente. Sólo un día igual, no logré arreglar para más, pero con dar una vuelta por la ciudad e ir a Acrópolis me bastaba.


Hacia Atenas volé desde París, mi ciudad favorita, que me despidió con una fuerte y pegajosa lluvia. No veía la hora de llegar al calor griego y treparme hasta el Partenón. Sin embargo al aterrizar me llevé una no grata sorpresa: la crisis estaba haciendo estragos en la población. Sin exagerar, de 17 ciudades que visité, Atenas me pareció la más peligrosa. Sacando la burbuja llena de turistas de Acrópolis, la ciudad es un verdadero caos. Desde otros viajeros que te aconsejan tener mucho cuidado y no andar sola de noche, hasta gente a las trompadas en el subte y otros inyectándose cosas en plena vereda céntrica a las 4 de la tarde. De todo un poco.

Fue difícil dar una vuelta por la ciudad cuando me encontré con tantas cosas en pocas horas. Los noticieros mostraban disturbios en la plaza principal donde estaban instalados los indignados, y a medida que fue abriendo paso la noche, no hizo falta pensar mucho para decidir que lo mejor era quedarse en el hostel.


Realmente me dio mucha pena ver a un pueblo tan rico culturalmente, sumido en esa situación extrema. Y claro, despidos, recortes, desaceleración de la economía, aumento de la edad jubilatoria, congelamiento de salarios y gobiernos inestables. Ante esa situación no se puede esperar un clima de tranquilidad. Y menos aun con un pueblo luchador como el griego, que no se queda de brazos cruzados, como sí lo hacen muchos otros, mientras los hunden día a día.


Hoy en día saber qué va a pasar con Grecia es una incógnita. Todos los severos ajustes parece que no apagan el fuego, porque luego se viene otro ajuste, y otro, y otro… Qué fuerte es sentarse a pensar que en el siglo XXI haya un retroceso tan grande como en este caso. Pasar de ser un país sin muchos problemas, no de primer mundo ni mucho menos, pero sí estable, y con esa riqueza cultural-histórica, paisajes paradisíacos y el turismo que eso conlleva, a sufrir recortes en salarios, educación, salud y más.


Sí, a veces unos pocos deciden por todos nosotros. Y peor aún, unos pocos extranjeros nos dicen qué y cómo hacer las cosas, como si desde arriba nos apuntaran con un dedo y nosotros, cabizbajos, acatáramos órdenes sin tener derecho a nada. ¡Y todo esto en el siglo XXI!

Desde este espacio, y ante la profunda admiración que siento por la fuerza del pueblo griego, sólo deseo que no bajen los brazos, nunca.

martes 21 de febrero de 2012

¿Con cianuro o sin cianuro? Esa es la cuestión

Las protestas contra la instalación de proyectos mineros en La Rioja y Catamarca que han salido en todos los medios, despertaron un arduo e interesante debate en la sociedad argentina. Una cuestión pendiente, sin dudas, luego de varios conflictos con pobladores de todo el país y denuncias por amenazas y contaminación.

Es una lástima, sin embargo, que el debate quede envuelto en medio de la pelea entre el gobierno y el Grupo Clarín, ya que Cristina Kirchner apoya la minería y el tema fue agarrado por TN y Canal 13 como prioridad en la agenda, convirtiéndose de pronto en un grupo mediático ecologista. De todas formas siempre podemos recurrir a otros espacios donde se debate seriamente, y es ahí donde tenemos que sacar nuestras propias conclusiones, lejos de los intereses de cada sector.


La trama principal del conflicto pasa por saber si las empresas usan o no cianuro, un químico contaminante, en el proceso de extracción de los minerales. Según los pobladores de todas las localidades con proyectos mineros y todos los grupos ecologistas, se usa cianuro, y según las empresas y los gobiernos provinciales, no. Quizás no sea tan difícil decidir a quién creerle, pero el dedo acusatorio ha ido también contra los ecologistas, por oponerse a la minería a cielo abierto. Porque, claro está, no se puede prohibir la minería. Guste o no, es necesaria la extracción de ciertos minerales para el funcionamiento de la economía mundial.


Sin ser fanático, hay que centrar el debate en determinar la veracidad de los informes ambientales que presentan las empresas donde no figura peligro alguno para el medio ambiente, y tratar que estas empresas inviertan en tecnologías menos contaminantes. Es decir, en desarrollar productos para la extracción que no generen tanta discordia. Porque hay que tener los ojos bien abiertos con estas empresas extranjeras: no sólo pueden tergiversar los informes de impacto ambiental, como se ha comprobado que pasó en Mendoza, sino que hay productos que son muy similares al cianuro y que, como no están prohibidos, se utilizan.


Creo que, así como escribí más arriba que no hay que creerle a las empresas y los gobiernos provinciales, ni tampoco al Grupo Clarín sino que hay que buscar otras voces, acá deben hacer lo mismo. Que organismos científicos no gubernamentales y universidades públicas hagan estudios para determinar la existencia de cianuro, actuando como jueces del conflicto. Porque, me pregunto, si al fin y al cabo los gobernadores y las empresas juran que no contaminan, ¿por qué hay amenazas? ¿Por qué se denuncian coimas para retirarse de las protestas? ¿Por qué hay represión? Si supuestamente no hay nada que ocultar, ¿por qué pasa todo esto?

viernes 10 de febrero de 2012

Nuestras, ahora y siempre


El conflicto ya conocido por la soberanía de las Islas Malvinas llegó al punto más fuerte desde el retorno de la democracia en nuestro país. Será porque otros gobiernos no le dieron importancia al tema, porque Cameron es un pésimo político, porque los ingleses (además de provocar mandando aviones y barcos de guerra) están avanzando cada vez más sobre la Antártida, o porque hace un par de años están buscando petróleo. O quizás sea un conjunto de todas estas cosas. La cuestión es que las protestas desde Argentina no cesan y se está logrando apoyos inéditos que en otro momento de la historia hubieran sido imposibles, como el “llamado al diálogo” que hizo Estados Unidos, fiel aliado de Inglaterra.

Independientemente del conflicto diplomático, es interesante analizar un par de puntos: mientras los reclamos argentinos son por vía diplomática y pacífica, Cameron siempre ha respondido con dureza, con frases para la historia como “Argentina, país colonialista”. Y, mientras nos apunta con el dedo acusador, ha enviado un buque de guerra y aviones militares, sumado a las empresas petroleras que buscan crudo y los entrenamientos militares realizados en las islas. Sin embargo, mientras se desata todo este circo, pareciera que el primer ministro no mira para adentro. Casualmente son estos los días en los que Inglaterra presenta los niveles de desempleo más altos de las últimas décadas, sumado a la crisis económica europea, las protestas estudiantiles y gremiales y la baja en la popularidad de su mandatario. ¿Casualidad o el viejo truco de querer desviar la atención?


Si se mira un poco hacia atrás, más allá de la guerra por las Malvinas, desde 1700 que Inglaterra quiso ocuparlas. Primero las disputó con España, que por esos años era dueño de casi toda América, luego de la derrota se retiraron de las islas hasta que por 1820 Argentina, ya independizada, toma posesión. Tan sólo 13 años después, nuevamente fragatas de guerra británicas ocuparon las islas, hasta hoy en día.


Claro está que Gran Bretaña tiene varios intereses sobre las islas: geográfico-militares, por la pesca, el agua, la llegada a la Antártida, y el petróleo, por ejemplo. Pero lejos de conformarse también es soberana de otros territorios injustamente ocupados, como el Estrecho de Gibraltar, perteneciente a España y también con gran importancia geográfica-militar, ya que es la conexión directa de Europa con África.


Hoy en día es incierto el futuro de este conflicto. Mientras pareciera que Cameron no entiende el significado de la palabra diálogo, Argentina va sumando cada vez más apoyos, y ahora CFK va a demandar la militarización ante la ONU. Muchos sinceramente piensan que nunca van a reconocer nuestra soberanía sobre las islas, y probablemente así sea, por lo menos dentro de los próximos largos años. Pero hay algo que nunca se tiene que acabar, la lucha por nuestros derechos.

miércoles 11 de enero de 2012

Algo que recién comienza


Hace un par de meses salió en todos los medios de prensa internacional que Wikileaks dejaba de funcionar, al menos momentáneamente. La continua persecución del Pentágono a esta organización logró finalmente dejarla sin recursos para mantenerse en pie, sumado a demandas y juicios contra sus fundadores.

Sin embargo, mientras Julian Assange amenaza con dar a conocer en un tiempo información secreta sobre poderosas empresas internacionales, esta semana se cumple un año del levantamiento popular que terminó con el gobierno de Ben Alí en Túnez, que dio pie a una oleada de protestas en Egipto, Siria, Libia, Bahrein y Yemen.

Pero ¿qué relación tiene una cosa con la otra? Que el levantamiento de Túnez se generó luego de una serie de publicaciones de Wikileaks donde se revelaba que, siempre según las embajadas estadounidenses, la corrupción del gobierno y su “cuasi mafia”. Estos hechos, sumado a la falta de libertad en el país oriental y el desempleo, desembocaron en una crisis nunca antes vista, donde el pueblo alzó su voz contra el régimen y no paró hasta terminar con él a pesar de los intentos de censura y violencia ejercida por este.

Un mes después se iniciaría en Egipto otra fuerte protesta social que terminó con el gobierno del dictador Mubarak. El asesinato en plena calle de un joven que estaba haciendo uso de las redes sociales para mostrarle al mundo qué corrupta era su policía, desató una ola de indignación que culminó con una histórica protesta social, inspirada por los acontecimientos en Túnez.
Por primera vez, países que históricamente carecieron de derechos humanos e igualdades, estaban alzando la voz contra sus propios regímenes hostiles, y pidiendo democracia.

Hoy, un año después del comienzo de las ‘revoluciones de Medio Oriente’, han caído varios dictadores y se han producido muchos cambios. Algunos países, justamente como Túnez y Egipto, están experimentando sus primeros pasos en la democracia, mientras otros, como Libia y Siria, todavía el pueblo está en la lucha.
Lo cierto es que a Wikileaks, por lo menos por ahora, lograron frenarlo. A las revoluciones, no.

martes 8 de noviembre de 2011

Yankees go home

Siempre da que hablar Estados Unidos, y nunca para bien. Incluso cuando anuncian medidas favorables, hay algo detrás. Mientras hace unos días Obama informó orgulloso el retiro de tropas en Irak, vaticinando el fin de la guerra que lleva 9 años, se ha dado a conocer ahora que va a enviar soldados al centro de África, precisamente a Uganda, un país militar y geográficamente estratégico. ¿Los motivos? luchar contra los rebeldes del Ejército de la Resistencia del Señor (LRA), un grupo religioso acusado de matar y torturar a miles de civiles.


El problema ante este panorama es, por un lado, analizar con mayor profundidad los motivos por los cuales Estados Unidos quiere “colaborar” militarmente en un país y en un conflicto que no le pertenecen. Y, por otro lado, saber qué va a pasar una vez concretado el objetivo, porque los americanos nunca son desinteresados, de hecho las tropas, con la excusa de ubicar al líder del LRA, se extendieron por Sudán de Sur, la República Centroafricana la República Democrática del Congo.


Después de dos mandatos consecutivos de los republicanos en manos de George W. Bush, que dejó al país al borde de la bancarrota, Obama parecía ser la persona indicada para cambiar el rumbo. Su discurso progresista generó entusiasmo no sólo en los estadounidenses sino en la comunidad internacional. Pero una vez en el poder no hizo más que defraudar. Sí es cierto que no tiene mayoría en las Cámaras y los republicanos frenan todos los proyectos que pueden, pero en política internacional no se distanció, como parecía, de su antecesor. Mandó más tropas a Afganistán, no cerró Guantánamo como había prometido, se encarga de buscar y asesinar a terroristas, manda tropas a África y hace una trágica puesta en escena sobre un supuesto plan de Irán de atacar Estados Unidos.


El viernes llamaba la atención ver a Obama con CFK en Cannes tomándose fotos y decir que eran amigos, no sólo porque no es cierto, sino porque la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires no ha hecho más que reunirse con políticos y periodistas opositores y hacer lobby a favor de sus empresas. Las políticas del gobierno Nacional no van con las de ellos. Libre mercado, privatizaciones, entrada y salida de capitales, poca intervención estatal y ayuda del FMI quieren ellos. Entonces, sí, llama la atención la frase “somos amigos”, porque es una mentira.


Sí, Estados Unidos da que hablar, todo el tiempo. La cuestión, ante esta situación es qué va a pasar en las elecciones del 2012. Obama decepcionó, pero ¿y si vuelven los republicanos? O peor, ¿el Tea Party? Ante esas opciones Obama es el único rescatable, pero es una lástima tener que optar entre el mal menor. Es un buen momento con toda esta ola de indignados de Estados Unidos y la crisis internacional, que surja una nueva fuerza, un nuevo movimiento político, y se termine el bipartidismo, de una buena vez.


miércoles 2 de noviembre de 2011

Poco debate, pocas ideas

Apenas pasaron once días de las elecciones presidenciales. Pareciera que fueron hace meses, pero no, nada de eso, es todo muy reciente todavía. Al día siguiente lo primero que pensé fue en las redes sociales, esa herramienta tan increíble que tenemos, pero que también causa sus disgustos. Claro, mientras en los países árabes fueron fundamentales para la organización y levantamiento popular (y ni hablar de los indignados de España y alrededores), a veces sin embargo toca leer cada cosa que da vergüenza. Es que muchos quieren hacer patriotismo en ellas, así que saltaron todos los anti-K totalmente indignados con los resultados del 23 de octubre y los que la votaron.

Desde la frase más típica, “el gobierno alimenta-mantiene vagos” hasta “el 50% de la población mantiene al otro 50%”. Ahí no sabés si meterte en esa discusión o dejarla pasar, pero lo cierto es que ese argumento es digno de un análisis más profundo.


Para mí, y como comunicadora que soy, debatir me parece importante, y no sólo para mí, sino para todos. Intercambiar ideas, hablar, escuchar, discutir con respeto, eso nos enriquece a nosotros y también a la democracia de la que formamos parte. Pero ante esas ganas por debatir aparece un muro de 4 metros de grosor que te impacta justo ahí, en medio de la cabeza. Porque las conversaciones empiezan con la otra persona mal predispuesta y con repetidas frases: que el gobierno mantiene vagos, que cobran miles de pesos, que un amigo de un amigo me contó que el tío del hermano de una amiga cobra planes y no trabaja y se droga, etc. Pero a la hora de explicar con más profundidad porqué no le parece bien que el Estado subsidie a familias que están por debajo de la línea de pobreza, no tienen argumentos. No, no los tienen. Y tampoco te pueden enumerar qué planes existen, para quiénes está destinado y de cuánto dinero consisten. Porque, digo, si sos tan acérrimo opositor a ciertos temas, por lo menos tenés que saber de qué se tratan y cómo se llaman, pero ni siquiera saben el nombre de esos subsidios sociales. Muy poco serio muchachos.

Pero ojo, esas personas que odian que el Estado subsidie a los vagos, nunca te van a decir que el Estado también subsidia los boletos de los transportes públicos, el gas, la luz, etc. Y esa contribución nos beneficia a todos, inclusive al que las critica. ¿Nunca se preguntaron eso? Pero claro, cuando conviene lo criticamos, sino no, ¿no?


En fin, reflexiones post-elecciones. Para mí, nada mejor que debatir, pero debatir en serio, con argumentos, con respeto y un mínimo conocimiento de los temas. Pero algo falla, sino el Mundo sería un lugar mejor.