martes, 19 de marzo de 2013

Esperanza y desconfianza




Este blog lo siento como un noviazgo, hay amor y crisis, todo el tiempo, va y viene. Ganas de mantenerlo no faltan, pero quizás no siempre el amor a la profesión sea lo mismo que motivación. A veces falta inspiración, pero la necesidad de volver prevalece.

Mañana se cumple ya una semana de la noticia que nos dejó helados a todos los argentinos, yo no salí del asombro por un buen rato, y me invadieron varias contradicciones a la vez: ¿Sería bueno para el país o no? ¿Era un obispo conservador? ¿Estuvo relacionado con la dictadura? En fin, una cantidad de sensaciones que lejos estaban de ponerse de acuerdo.
La realidad es que casi siete días después pueden deslizarse algunas cuestiones, y el resto sólo el tiempo lo dirá. Yo no soy católica, pero sí debo admitir que me siento atraída por este fenómeno, o quizás el bombardeo mediático me dejó un poco atontada, pero sí hay que señalar que la gente está contenta, hay esperanza y alegría por donde se mire. Es que claro, no es para menos, para un creyente debe ser muy fuerte, pero independientemente de eso no deja de ser importante tener a una autoridad de este calibre al mando de la Iglesia y de un Estado, el Vaticano. A nivel histórico también es un hecho único, y políticamente es más que interesante.

Por momentos da un poco de miedo que el país se vuelva fanático religioso, aunque suena exagerado, pero la Iglesia es conservadora, e imaginarse que ante eso van a querer aprovechar para dar marcha atrás con sucesos sociales que tanta lucha significaron, deja en alerta a muchos. No creo que el matrimonio igualitario ahora presionen para prohibirlo nuevamente, y si lo hacen es difícil que lo logren, pero sí es cierto que si esa ley hoy no estaba, iba a ser casi imposible sacarla adelante.
Por otro lado, ya se discutió y resolvió en forma parcial la duda sobre los vínculos de Bergoglio con la dictadura. La foto que circuló con Videla no es cierta, y al parecer no le soltó las manos a los curas villeros como se dijo. Es para la polémica y deja dudas, pero que Pérez Esquivel, que ganó el Premio Nobel de la Paz por luchar contra el gobierno de facto de los ’70, diga que eso no es cierto, entonces te obliga a bajar, por lo menos un poco, el dedo acusador.

Ahora bien, lo más fascinante e insospechado hasta el momento es saber qué beneficios puede traer un Papa argentino además de que todos sepan ubicarnos en el mapa. ¿Turismo? Puede ser. ¿Prestigio? No sé. ¿Y Malvinas? Esa es la cuestión. Cristina Kirchner sabe que con Francisco tiene ante sí una gran posibilidad si este ayuda de presionar aún más a Gran Bretaña para que se siente a dialogar, como ya infinidad de veces se le ha solicitado. La función del Papa no es intervenir abiertamente en el conflicto, él no es político, pero como hombre espiritual puede llamar al diálogo y hacer que el Mundo se entere que Inglaterra no dialoga.
De ahí a que Bergoglio lo haga hay un camino largo, pero señales hay, él ya se ha pronunciado antes, y el gobierno va a trabajar en ello.

Recién pasó una semana, menos aún, pero se puede vislumbrar que el carácter del Papa no es el mismo que el frío Ratzinger, es más carismático, humilde y da señales que no va a encubrir la pedofilia, ya que ayer mismo echó a un párroco señalado por cubrir a curas abusadores. No hay que olvidar que Bergoglio se manifestó fuertemente contra el matrimonio igualitario y el aborto, pero a la vez los que queremos profundos cambios en la Iglesia tenemos que apoyar este tipo de gestos.
De un día a otro no va a reformarse esta vieja y conservadora institución, más bien es un paso a paso, por más buenas intenciones que haya la cúpula eclesiástica retrógrada va a poner trabas. La realidad es que la respuesta sólo la tiene el tiempo, y habrá que estar atentos, en una de esas la Iglesia también está en tiempos de cambios.  



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