Este blog lo siento como un noviazgo, hay amor y crisis,
todo el tiempo, va y viene. Ganas de mantenerlo no faltan, pero quizás no
siempre el amor a la profesión sea lo mismo que motivación. A veces falta
inspiración, pero la necesidad de volver prevalece.
Mañana se cumple ya una semana de la noticia que nos dejó
helados a todos los argentinos, yo no salí del asombro por un buen rato, y me
invadieron varias contradicciones a la vez: ¿Sería bueno para el país o no?
¿Era un obispo conservador? ¿Estuvo relacionado con la dictadura? En fin, una
cantidad de sensaciones que lejos estaban de ponerse de acuerdo.
La realidad es que casi siete días después pueden deslizarse
algunas cuestiones, y el resto sólo el tiempo lo dirá. Yo no soy católica, pero
sí debo admitir que me siento atraída por este fenómeno, o quizás el bombardeo
mediático me dejó un poco atontada, pero sí hay que señalar que la gente está
contenta, hay esperanza y alegría por donde se mire. Es que claro, no es para
menos, para un creyente debe ser muy fuerte, pero independientemente de eso no
deja de ser importante tener a una autoridad de este calibre al mando de la Iglesia
y de un Estado, el Vaticano. A nivel histórico también es un hecho único, y
políticamente es más que interesante.
Por momentos da un poco de miedo que el país se vuelva
fanático religioso, aunque suena exagerado, pero la Iglesia es conservadora, e
imaginarse que ante eso van a querer aprovechar para dar marcha atrás con
sucesos sociales que tanta lucha significaron, deja en alerta a muchos. No creo
que el matrimonio igualitario ahora presionen para prohibirlo nuevamente, y si
lo hacen es difícil que lo logren, pero sí es cierto que si esa ley hoy no estaba,
iba a ser casi imposible sacarla adelante.
Por otro lado, ya se discutió y resolvió en forma parcial la
duda sobre los vínculos de Bergoglio con la dictadura. La foto que circuló con
Videla no es cierta, y al parecer no le soltó las manos a los curas villeros
como se dijo. Es para la polémica y deja dudas, pero que Pérez Esquivel, que
ganó el Premio Nobel de la Paz por luchar contra el gobierno de facto de los ’70,
diga que eso no es cierto, entonces te obliga a bajar, por lo menos un poco, el
dedo acusador.
Ahora bien, lo más fascinante e insospechado hasta el
momento es saber qué beneficios puede traer un Papa argentino además de que todos
sepan ubicarnos en el mapa. ¿Turismo? Puede ser. ¿Prestigio? No sé. ¿Y Malvinas?
Esa es la cuestión. Cristina Kirchner sabe que con Francisco tiene ante sí una
gran posibilidad si este ayuda de presionar aún más a Gran Bretaña para que se
siente a dialogar, como ya infinidad de veces se le ha solicitado. La función
del Papa no es intervenir abiertamente en el conflicto, él no es político, pero
como hombre espiritual puede llamar al diálogo y hacer que el Mundo se entere
que Inglaterra no dialoga.
De ahí a que Bergoglio lo haga hay un camino largo, pero
señales hay, él ya se ha pronunciado antes, y el gobierno va a trabajar en
ello.
Recién pasó una semana, menos aún, pero se puede vislumbrar
que el carácter del Papa no es el mismo que el frío Ratzinger, es más
carismático, humilde y da señales que no va a encubrir la pedofilia, ya que
ayer mismo echó a un párroco señalado por cubrir a curas abusadores. No hay que
olvidar que Bergoglio se manifestó fuertemente contra el matrimonio igualitario
y el aborto, pero a la vez los que queremos profundos cambios en la Iglesia
tenemos que apoyar este tipo de gestos.
De un día a otro no va a reformarse esta vieja y
conservadora institución, más bien es un paso a paso, por más buenas
intenciones que haya la cúpula eclesiástica retrógrada va a poner trabas. La
realidad es que la respuesta sólo la tiene el tiempo, y habrá que estar
atentos, en una de esas la Iglesia también está en tiempos de cambios.

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